¿Quién te espera en una habitación de hotel?
¿Quién se estrena cuando tú te estrenas también?
Ayer te montaste aquella escena
para ver quién se dejaba querer.
Primero se acercaron dos
y luego se borraron.
¿Quién te espera en una habitación de hotel?
¿Quién se estrella cuando tú te estrellas también?
Después, a la hora de la pena, dos gintonics no te sientan tan bien
y tengo que ofrecerte yo el aire de la calle.
Pequeño rock and roll sudando en el jardín,
nunca quiso ser de nadie.
Ya sé que estás en otra, amor.
Pequeño rock and roll,
ya sé que estás a punto de decirme adiós.
Horas muertas en la habitación de hotel,
¿Quién te espera? Dime, ¿quién te espera esta vez?
Ya ves, todavía me envenena,
pero ya no puedo retroceder.
No voy a reventarte yo tu baile de disfraces.
Pequeño rock and roll, sudando en el jardín,
nunca quiso ser de nadie.
Ya sé que estás en otra, amor.
Pequeño rock and roll,
ya sé que estás a punto de decirme adiós.
…
Mi vida fuimos a volar
con un solo paracaídas.
Uno sólo va a quedar
volando a la deriva.
¿Quién se estrena cuando tú te estrenas también?
Ayer te montaste aquella escena
para ver quién se dejaba querer.
Primero se acercaron dos
y luego se borraron.
¿Quién te espera en una habitación de hotel?
¿Quién se estrella cuando tú te estrellas también?
Después, a la hora de la pena, dos gintonics no te sientan tan bien
y tengo que ofrecerte yo el aire de la calle.
Pequeño rock and roll sudando en el jardín,
nunca quiso ser de nadie.
Ya sé que estás en otra, amor.
Pequeño rock and roll,
ya sé que estás a punto de decirme adiós.
Horas muertas en la habitación de hotel,
¿Quién te espera? Dime, ¿quién te espera esta vez?
Ya ves, todavía me envenena,
pero ya no puedo retroceder.
No voy a reventarte yo tu baile de disfraces.
Pequeño rock and roll, sudando en el jardín,
nunca quiso ser de nadie.
Ya sé que estás en otra, amor.
Pequeño rock and roll,
ya sé que estás a punto de decirme adiós.
…
Mi vida fuimos a volar
con un solo paracaídas.
Uno sólo va a quedar
volando a la deriva.
“Fiesta de la luna llena”, “Miss camiseta mojada”, “Avenidas de tu corazón”, “Aunque tú no lo sepas”, “Reloj de plata”,... tantas y tan buenas canciones en un solo disco, “Pájaros mojados”, de Quique González. Entre los seguidores del músico madrileño, se ha dudado siempre de la consistencia del que fuera su tercer álbum de estudio, superproducido, excesiva presencia de metales, el sacrilegio que para muchos supuso el atreverse a editar su “Aunque tú no lo sepas”,... Sinceramente, para mí ese disco fue una obra mayúscula y con el paso del tiempo me reafirmo más en mi juicio. De 12 canciones, hay 10 que me parecen auténticas obras de arte, pero con el tiempo, la canción que más me ha enganchado de todas ellas, ha sido una que en un principio pasó totalmente inadvertida para mí, “Pequeño Rock & Roll”.Mucho se ha hablado de esta canción y de su retorcida y enigmática letra. Todos alguna vez hemos deseado compartir un rato de nuestras vidas con ese rock & roll del que habla la canción, evitar que se hunda y a la vez, hundirnos con él, bebidos, empapados. Cuenta la leyenda que la letra de esta canción surgió en una ciudad europea, rondando a una chica que precisamente se encontraba de Erasmus, igual que yo lo estuve durante el año pasado (sí, hace un año ya que me fui para no volver).
En “Pájaros mojados” la canción tiene un sentimiento puro, total. Va cogiendo fuerza segundo a segundo, acorde tras acorde, de la mano del piano de Basilio Martí y la batería de Toni Jurado, pero sobre todo de la guitarra de Carlos Raya. Poco después, durante la gira que acompañó a la salida de su cuarto disco “Kamikazes enamorados”, Quique se atrevió a incluir un pedazo de “Paloma” de Calamaro al final de la canción, que por momentos iba tomando estatus de mítica entre sus seguidores. En el CD extra que acompañó la salida de “La noche americana” se incluía una versión en directo de la “nueva” canción, con ese trozo de Calamaro al final y la guitarra mágica de Carlos acompañando cada giro en la voz de Quique.
Pero el punto culminante de la misma llegaría un disco más tarde, cuando en el directo “Ajuste de cuentas” Bunbury elevó a clásico dicho corte, con un de los mejores dúos que he escuchado nunca. Esa misma interpretación me acompañaría en mi último día Erasmus precisamente, tal y como surgió la canción del puño y letra de su creador, mientras intentaba meter todas mis cosas en una maleta y degustaba mi último chocolate en taza polaco, ya sé que estás a punto de decirme adiós,...
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